Queridos amigos:
Desde hace algún tiempo, estuve
observando, intentando conocer un poco más aquello que me rodea. Miré hacia un lado, hacia otro;
en un primer momento, no encontré nada que me resultase significante. Pero, de
pronto, algo llamó mi atención: la silla.
Soñé, imaginé y creé una historia.
Las sillas, normalmente, son algo que forman parte de lo cotidiano y
representan el inmovilismo, lo establecido; pero ¿qué ocurriría si, de pronto,
las sillas se revelasen? ¿Qué sucedería si las sillas decidiesen, puesto que
tienen patas, subir las escaleras de la casa y llegar hasta el dormitorio? ¿Y
si, como hacen las plantas, se girasen o se lanzasen a la calle en busca de la
luz?
Eso mismo les ocurrió a las sillas
que me acompañaban día tras día. Mis sillas estaban cansadas de ocupar el mismo
sitio, de ser ocupadas por las mismas personas, de no salir de la cocina y del
comedor… Me puse nerviosa, lo reconozco. ¿Qué
ocurrirá ahora, que ya estamos acostumbrados a que formen parte de nuestras
vidas y de ese paisaje de lo cotidiano e invariable de nuestras casas?
A partir de ese momento, pensé que
esas sillas podían representarme, por cuanto querían encontrar algo nuevo,
buscar, crear, imaginar, romper con la rutina, con lo establecido, con el
inmovilismo. En definitiva, se trataba de un encuentro con la fantasía, con la
imaginación, con la capacidad del lenguaje para sugerir y crear espacios de libertad,
de expresión libre de las ideas.
Y, ahora, ¿sabes ya quién soy? Otra
pista te doy:
Un palíndromo breve
tengo por nombre y, aunque lo evito, me encuentro en la desgana.
(Ana Fajardo
Mellinas, Facultad de Educación, Murcia)

4 comentarios:
Qué acierto, Ana, con esa visión recreadora de la silla como un objeto que cobra vida para rebelarse al sistema, a lo establecido.
;)¡Qué ganas tengo de leer nuevas creaciones, Emilia!
Ana, han estado escribiendo y corrigiendo, incluso, los textos argumentativos de sus compañeros. Ha sido un buen trabajo, pero no suficiente ni en las condiciones deseables (demasiados alumnos por aula). Ahora y con ese fondo de lecturas de poesía recomendadas, se trata de volver a escribir con una intención comunicativa, pero tratando de lograr ese "extrañamiento" del lector con el lenguaje (literario).
Ya están casi acabados esos textos. El proceso es lento, pausado, y lleva consigo la revisión y la reescritura. Pero ha sido un intento válido y valioso de proyección creativa de la persona sobre su texto, con una intención comunicativa que tenían que ir ajustando con la palabra y los recursos estilísticos como únicos instrumentos antes de pensar en la imagen complementaria.
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