viernes, 26 de abril de 2013

TEXTO 19

Al principio, no tenía nada. Empezaron a surgir las ideas, pero no me declinaba por ninguna. Comenzaba a interesarme por una, pero al momento la desechaba. Las ideas iban y venían, daban vueltas en mi cabeza, cambios de sentido, hasta que de tanto darle vueltas, me vino un objeto cuya principal característica es aquella que tanto dolor de cabeza me venía dando: el compás.

El compás, pequeño instrumento de dibujo, compuesto por dos brazos, uno discreto, tímido, el satélite, el cual gira y depende del otro, el atrevido, el director, el eje. Aunque uno dependa del otro, ambos se necesitan mutuamente.

Las personas de nuestra sociedad, nos comportamos como si de un compás se tratase, con su eje, codicioso, ambicioso, buscador del éxito, y el satélite, nosotros, las personas. La sociedad, con nuestra mentalidad superficial, no paramos de dar vueltas, al igual que el compás, en busca del mismo fin, el afán de riqueza, sin darnos cuenta de los valores que dejamos atrás.

¿Qué ocurriría si los brazos del compás cambiasen sus papeles? El satélite dejaría de dar vueltas, y actuaría de eje, por lo que se dejaría en el camino la avaricia, las apariencias y el afán.

 Una pista te voy a dar,
para que mi nombre puedas adivinar.
Dos palabras: 
la primera en Francia comenzó y en Corea terminó;
la segunda en Japón se inició y un viernes finalizó.

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