El compás, pequeño
instrumento de dibujo, compuesto por dos brazos, uno discreto, tímido, el
satélite, el cual gira y depende del otro, el atrevido, el director, el eje.
Aunque uno dependa del otro, ambos se necesitan mutuamente.
Las personas de nuestra
sociedad, nos comportamos como si de un compás se tratase, con su eje,
codicioso, ambicioso, buscador del éxito, y el satélite, nosotros, las
personas. La sociedad, con nuestra mentalidad superficial, no paramos de dar
vueltas, al igual que el compás, en busca del mismo fin, el afán de riqueza,
sin darnos cuenta de los valores que dejamos atrás.
¿Qué ocurriría si los
brazos del compás cambiasen sus papeles? El satélite dejaría de dar vueltas, y
actuaría de eje, por lo que se dejaría en el camino la avaricia, las
apariencias y el afán.
Una
pista te voy a dar,
para
que mi nombre puedas adivinar.
Dos
palabras:
la
primera en Francia comenzó y en Corea terminó;
la
segunda en Japón se inició y un viernes finalizó.
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