viernes, 26 de abril de 2013

TEXTO 8


Nadie, tal vez, se haya dado cuenta de lo que dos lentes, de distintos colores, pueden hacer. Pueden resaltar o empequeñecer miradas. Esas miradas que se ocultan, que observan; miradas que vuelan, que sueñan, que sienten. Muchas de ellas, perdidas, que no saben si volverán, si encontrarán alguna vez una luz.

Si nadie se ha dado cuenta de esto, yo sí. Me fijé en las gafas porque la mayoría de las personas que conozco y forman parte de mi vida, hacen uso de ellas. Observé a una de estas personas y vi, que no fue ningún impedimento para él llevarlas desde pequeño, es más, le ayudaron a seguir, a ver con claridad y hacer su vida normal.

No siempre han servido como bien a las personas, porque muchas las rechazan de su vida. Pero las gafas, aunque no hablen, tal vez sientan. Quién sabe. Ellas no tienen la culpa de que las personas las necesitemos. Aquellas que te protegen de rayos fuertemente lumínicos como los del sol, también importan, ya que se enfrentan por ti a mirar sin miedo al cielo, sin recibir nada a cambio. Algún día tendrían que pedir favores por todo aquello que han tenido que ver sin que nadie les preguntase.

Es hora de encontrarme, ¿tan fácil lo ves? Me encontrarás en medio de trompeta y al principio de paleta.


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