Nadie, tal vez, se haya dado cuenta de lo que dos lentes, de distintos
colores, pueden hacer. Pueden resaltar o empequeñecer miradas. Esas miradas que
se ocultan, que observan; miradas que vuelan, que sueñan, que sienten. Muchas
de ellas, perdidas, que no saben si volverán, si encontrarán alguna vez una
luz.
Si nadie se ha dado cuenta de esto, yo sí. Me fijé en las gafas porque
la mayoría de las personas que conozco y forman parte de mi vida, hacen uso de
ellas. Observé a una de estas personas y vi, que no fue ningún impedimento para
él llevarlas desde pequeño, es más, le ayudaron a seguir, a ver con claridad y
hacer su vida normal.
No siempre han servido como bien a las personas, porque muchas las
rechazan de su vida. Pero las gafas, aunque no hablen, tal vez sientan. Quién
sabe. Ellas no tienen la culpa de que las personas las necesitemos. Aquellas que te protegen de rayos
fuertemente lumínicos como los del sol, también importan, ya que se enfrentan
por ti a mirar sin miedo al cielo, sin recibir nada a cambio. Algún día
tendrían que pedir favores por todo aquello que han tenido que ver sin que
nadie les preguntase.
Es hora de encontrarme, ¿tan fácil lo ves? Me encontrarás en medio de
trompeta y al principio de paleta.
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