jueves, 25 de abril de 2013

TEXTO 1

Me ha costado mucho encontrar algo que tuviera un significado para mí, algo que me definiera personalmente. Pero, después de tanto esfuerzo mental y más de una “llamada a la inspiración”, conseguí dar con la guitarra. Escogí la guitarra porque, además de que aprender a tocarla es una de las frustraciones de mi vida, vi, en ella, la sencillez y, a la vez, la altanería que buscaba. Pensé que era ejemplo de un objeto al que no le damos la importancia y el protagonismo que se merece, al igual que a muchas mujeres.


He de admitir que, aun habiendo encontrado mi seudónimo, no estaba muy convencida con mi elección ya que no sabía cómo expresarme a través de él. 

 
La guitarra, aparentemente, es un instrumento musical insignificante, como cualquier otro ; pero, si miramos más allá de su estructura con forma de ocho, su caja de resonancia y su mástil con cuerdas, podemos ver a una mujer con voz dulce que puede hacer estremecerse hasta a los hombres más rudos del mundo. A menudo, es utilizada para apoyar o acompañar; pero, otras veces, su presencia es imprescindible. Favorece la belleza de la comunicación a través de ella y de su corazón malherido por cinco espadas. Su fragilidad, en las manos de una persona, contrasta con la agresividad que puede llegar a trasmitir. Pasa desapercibida; pero, dentro, tiene un potencial que, cuando sale, deja con la boca abierta a más de uno. 


Yo, como una guitarra más que, paulatinamente, afinan para que dé lo mejor de sí misma, te dejo mi nombre escrito en estas líneas para que, sin hacer mucho ruido, puedas encontrarme. 


Finalmente, te presento una de mis muchas preocupaciones, que no sé si alguien, alguna vez, se habrá planteado: ¿qué haría el músico si su musa y compañera, un día, se marchara? ¿Qué haría si se quedara muda? 

1 comentario:

EmiliaMoroteProfesora dijo...

Se aborda la escritura con la aguja del que borda un lienzo que será visto con ojos que buscan hasta el mínimo detalle.
La escritura como un proceso inacabado, de ida y vuelta, de encuentros fugaces con la inspiración y otros, más profundos, con la intención de comunicar con orden y acierto, con el recuerdo de versos leídos de un clásico que afianzan el intertexto lector y la actitud favorable a manipular, lúdicamente, el lenguaje para crear belleza.